Yeguada Cor de Salinas
Villanueva de Tapia, Málaga
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18/06/2014 17:22:20
Hoy ha muerto nuestro caballo Cor de Salinas
31/10/2011
Ya, a las pocas semanas de vida, Cor destacaba. En el Hospital veterinario de Cordoba, dónde acompaño a su madre para ser inseminada de su próximo hermano, Cor se convirtió en la mascota de los estudiantes en veterinaria. Curioso de todo, juguetón, siempre buscando compañía, se hacia querer.

Cuando se hizo mayor, se pusó muy grande, muy fuerte, muy alto. Pero sobre todo destacó por ser bueno. Con los otros potros, los enteros agitados por la testosterona, que no paran de jugar mordisqueando corvejones y codos, Cor nunca tuvo un mal gesto. A pesar de ser mucho más fuerte, nunca dio una mala patada. Era digno de ver, cuando harto de los mordiscos, terminaba dando coces, pero con una suavidad y una delicadeza sorprendente, sin hacerles ningún daño.

Se hizo mayor, pero conservó su carácter inquieto y su vivacidad. Era la alegria de la casa. Solo en su cercado grande, de pronto arrancaba galopadas inesperadas, y subía y bajaba a toda velocidad a lo largo de su campo, contagiando a menudo los otros caballos con su alegría. Un día le compramos una pelota grande. Le duró un día, pero con el otro potro que lo acompañaba, consiguió por lo menos 3 goles.

Se hizo mayor, pero nunca le gusto el aburrido trabajo en la pista. En el campo, vale, pero en la pista, su carácter muy tranquillo se convertía en francamente flegmático. Eso de dar vuelta en un cuadrilongo de arena le aburría muchísimo. Pero a pesar de eso, cuando se le iba a buscar en su cercado, sabía que era para trabajar, sabía que no le gustaba, pero siempre venia hacía ti. Aunque estuviera en el otro lado de la parcela, te veia llegar y venia al trote a tu encuentro. A Cor le gustaban las personas.

Su cuerpo se hízo grande y fuerte, con su metro setenta y siete y sus 620 kg, pero su corazón se hizo aún mayor. Era muy bruto en sus maneras, como esas personas que te pasan una mano cariñosa en la espalda y te dislocan todos los huesos, pero son capaces de cualquier cosa para ti. Cor te daba una caricia con la cabeza y si te descuidaba, te aplastaba contra la pared, pero lo hacía con todo el cariño del mundo

En sus últimos momentos, se porto como un tío. El sábado por la mañana, aparecio con sudores inquietantes. Por una razón desconocida, el bazo se le fue dónde no debia. Cólico con desplazamiento nefroesplénico, lo llaman. Una putada. Patri, la veterinaria que lo opero esa mismo noche, me dijo que, en el estado que encontró sus intestinos al abrirle, cualquier caballo se hubiera derrumbado mucho antes. Pero Cor aguantó. Toda la tarde, estuvo andando, sufriendo en silencio, prestándose con su buena voluntad a los ejercicios que le imponíamos, para intentar evitar la operación.
Al final el Cólico pudo con el. Operado de madrugada, no se recuperó. Esta mañana del lunes, lo tuvimos que dormir.

Cor era un caballo de los que no se olvidan, de los que se dicen:
Este caballo es buena persona.